Mostrando entradas con la etiqueta LITERATURA. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta LITERATURA. Mostrar todas las entradas

martes, 4 de diciembre de 2012


Una de las necesidades urgentes de nuestro tiempo es reconquistar nuestro sentido de lo que debe ser el hombre. Al pensar en ello he recordado el contenido de una obra prácticamente desconocida de Walt Whitman que se llama “Perspectivas democrática”. Así describe Whitman su modelo: “ …Nuestro modelo es indispensable que sea sano y robusto; nunca debieran interrumpirse las cuestiones de la alimentación, el buen aire, el ejercicio físico, la asimilación y la digestión. Fuera de esto, columbramos una personalidad bien definida: en la juventud, fresca, ardiente, emocional, entusiasta, plena de aventura; en la madurez, valiente, perceptiva, dueña de sí misma, ni muy habladora ni muy reticente, ni excesivamente eufórica ni sombría- En cuanto a su aspecto físico, veo yo a un hombre erguido, de dilatado pecho, tez lozana, voz musical y movimientos fáciles; ojos de mirada firme y calma al par, y asimismo capaz de centellear; la presencia, en fin, que lo capacite para tratarse con los más encumbrados (porque sólo la naturalidad, y tan sólo la naturalidad, permite a un hombre alternar con presidentes o generales con el debido aplomo, y no la cultura, ni tampoco los conocimientos o dotes intelectuales de cualquier naturaleza)”.
 
 
 
 
Uno de mis escritores preferidos es G.K. Chesterton. Me encantan los relatos del padre Brown. Uno de los misterios resueltos por este sagaz cura es el asesinato de un personaje importante del pueblo que aparece con la cabeza abierta, junto con un martillo de herrero. Todos los indicios, como era suponer, señalan al herrero. Pero el padre Brown desconfía de la imputación al humilde herrero. Su sospecha recae en el sacerdote del pueblo. Casi al final del cuento los dos curas suben a lo alto del campanario y el padre Brown le declara abiertamente el porqué no creen que haya sido el herrero. Para hacerlo le cuenta a su colega que un día conoció "a un hombre que empezó orandoo con los demás ante el altar, pero que se fue aficionando a rezar en sitios altos y solitarios, rincones y nichos del campanario o la torre. Y en cierta ocasión, en uno de esos sitios vertiginosos, desde los que el mundo entero parecía girar a sus pies como una rueda, su cerebro también empezó a dar vueltas y a creerse Dios. De modo que, aunque era una buena persona, cometió un terrible crimen. Pensó que dependía de él juzgar al mundo y castigar al pecador. Si hubiese estado arrodillado en el suelo con los demás, jamás se le habría ocurrido tal cosa, pero vio a los hombres paseándose como insectos y sobre todo vio pasar a uno, insolente y llamativo con un sombrero verde: un insecto venenoso”. Todas las historias del Padre Brown encierran un mensaje de orden ético o moral. En este caso, según mi lectura, hace una crítica mordaz a la manera que los poderosos, desde sus alturas, observan al común de los mortales. Para ellos somos simples insectos. Así Chesterton, a través del padre Brown nos dejó un mensaje clave: “la humildad es madre de gigantes. Uno ve grandes cosas desde el valle y sólo pequeñas cosas desde la cima”.
 
 
 

lunes, 3 de diciembre de 2012

Mi poeta favorito es William Blake. De su poema "La Nueva Jesuralén", extraigo el coraje para seguir luchando por el patrimonio natural y cultural.

 !No cesaré en mi lucha mental,
Ni dormirá mi espada en mi mano
Mientras una nueva Jerusalén no hayamos construido
En la verde y placentera Inglaterra."


 
 
Cuando voy por Granada, a visitar a la familia de mi mujer, siempre me escapo para visitar dos enormes naves repletas de libros viejos, de ocasión o descatalogados. Me encanta perderme por los pasillos de estas naves con la esperanza de encontrarme algún tesoro que llevarme a la casa. En una de mis últimas exploraciones, el corazón se me puso a mil por hora cuando leí en el canto de un libro el nombre de uno de mis escritores preferidos, el inglés G.K. Chesterton. Se trata de una recopilación de las obras de este autor que forma parte de la serie “Los clásicos del siglo XX”, editada por la editorial Plaza & Janes. La fecha de impresión del ejemplar es el 20 de julio de 1967.
En cuanto llegué a casa me puse a leer las cerca de 1.700 páginas en letra de prospecto de medicamento. Tengo un montón de anotaciones. Me gustó todo lo que leí. Pero me quede prendado de una historia incluida en una obra “Enormes minucias”, cuyo título es “el viento y los árboles”. Si tenéis posibilidad de leerla, hacerlo. Os encantará.
Para abriros el apetito aquí os dejó un breve fragmento que viene bien para los tiempos que estamos viviendo, tiempos que anuncian una revolución social. Dice así Chesterton: “…El lector no puede ver el viento; lo único que el lector puede ver es que hace viento. Del mismo modo, el lector no puede ver una revolución; lo único que el lector puede ver es que hay revolución. Y nunca en la historia del mundo ha habido una verdadera revolución, brutalmente activa y decidida, que no haya sido precedida de quietud y de nuevos dogmas en la región de las cosas invisibles. Todas las revoluciones comienzan por ser abstractas de un modo absolutamente pedante”. El texto de esta breve historia termina con un párrafo antológico: “..Lo cierto es, naturalmente, que habrá una revolución social en el momento en que la cosa deje de ser puramente económica. NO SE PUEDE HACER UNA REVOLUCIÓN PARA ESTABLECER UNA DEMOCRACIA. HAY QUE HACER UNA DEMOCRACIA PARA TENER UNA REVOLUCIÓN”. Reflexionar, por favor, sobre esta última frase.