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martes, 4 de diciembre de 2012

Hace escasas fechas, la editorial y librería “Traficantes de Sueños” ha editado una obra fundamental para los tiempos que vivimos, el “Tratado para radicales. Manual para revolucionarios pragmáticos” de Saul Alinsky. El libro me ha parecido sumamente interesante y revelador. Contiene ideas esclarecedoras sobre conceptos básicos de nuestra sociedad como el de democracia. Para Saul Alinsky, la democracia no es un fin; es el mejor medio político disponible para la consecución de una serie de valores como los de la libertad, la igualdad, la justicia, la paz y el derecho a rebelarse. Pienso que este matiz es muy importante si no queremos que a través de un procedimiento, la democracia, puedan adoptarse medidas que atenten contra estos principios, como ya ha sucedido en determinados momentos de nuestra historia reciente. Sirve también para hacer frente a los políticos que valiéndose del poder que les dan las urnas adopten políticas que minen estos valores fundamentales de la humanidad. A quién le interese este libro puede descargárselo en pdf en la página web de la librería “Traficantes de Sueños”.
 
 
 

lunes, 3 de diciembre de 2012

Hace unos días, en un debate radiofónico mi contertulio me llamó utópico por defender cosas como la democracia inclusiva o una economía de corte humanista. Y mi respuesta fue: “ las utopías mueven el mundo”. En la corte del déspota Enrique VIII floreció una de las personalidades más completas que ha dado la humanidad: Tomás Moro. Este pensador ha pasado a la historia por una obra que precisament...
e se llama “Utopía”, que constituye un verdadero tratado de innovación política. Entre sus propuestas, disfrazadas de ficción, se incluían: la posesión común de la propiedad, la unión más íntima de la ciudad y el campo, la estabilización de la población, la provisión de la seguridad económica, la transformación de una economía monetaria en un orden económico planeado, con una jornada de seis horas, participación en todo el trabajo y provisión para el cuidado de los ancianos. En su utopía no había necesidad de abogados ni necesidad de litigios. El amor al oro era deliberadamente ridiculizado por el empleo de este metal exclusivamente para la manufactura de bacines. Su crítica al Estado era brutal: “Qué es el Estado sino una conspiración de los ricos que aspiran a su propio provecho bajo el nombre y título de la comunidad?. Así que si alguna vez os llaman utópicos decir: “Y a mucho honra”.