El ascenso al Monte del Parnaso no se puede abordar en línea recta, sino mediante una camino en forma de espiral. Una espiral constituida por cuatro tramo: hechos, recuerdos, proyectos y actos. Para quienes viven en el valle la vida se reduce un círculo concéntrico de hechos y recuerdos. Toman la senda de la Montaña aquellos que transforman sus conocimientos, experiencias y sentimientos en ideales,ideas e imágenes, y de ahí a realizaciones efectivas. El ascenso desde los círculos infernales al Purgatorio y el Cielo que emprendieron Dante y Ovidio fue en espiral. Así también la forma que adoptan las plantas en su crecimiento es en espiral. Decía Patrik Geddes que "la vida es una espiral, que trabaja durante la semana y descansa los domingos, gozando, soñando, planeando de nuevo. Aquellos cuyas mentes tienen grandes vueltas o bien muchas en sus espirales son las vidas más grandes".
El pensador y escritor Lewis Mumford (1895-1990), dedicó veinte años de su vida a escribir su serie "La renovación de la vida". En estos volúmenes, Mumford abordó de manera unificada la naturaleza del hombre, su obra y sus dramas de vida, como se revelaba en el desarrollo de la civilización occidental contemporánea.. El objetivo de este blog es difundir el pensamiento de Mumford que confiamos hará posible la transformación definitiva del hombre.
domingo, 22 de diciembre de 2013
miércoles, 18 de diciembre de 2013
INTELECTUALISMO VS ACTIVISMO: EL LEGADO DE RUDOLF EUCKEN Y PATRICK GEDDES
| Rudolf Eucken |
Estudiando uno
de los diagramas de Patrick Geddes, me fije un grupo de nombres que el sabio
escocés situaba entre sus referentes para la construcción de su anhelado nuevo
orden neotécnico. Este grupo está constituido por nombres conocidos, William
James, Schiller y Bergson. Pero había un cuarto nombre que, tengo que
confesarlo, no lo había escuchado antes: Rudolph Eucken. Me puse a buscar
información sobre él y lo que encontré despertó en mí un enorme interés. Decía
entre otras cosas en los sitios donde localice datos sobre Eucken que había
denunciado durante toda su carrera el excesivo “intelectualismo” en el que caen
muchos pensadores. Como alternativa el proponía un “activismo” que, como luego
llevó a su pensamiento Geddes, uniera de manera indisociable pensamiento y
acción. De igual modo, el otro pilar de su pensamiento era la denuncia del
paulatino abandono de la dimensión espiritual del ser humano. Se trata de dos
ideas que me rondan por la cabeza desde hace tiempo. A veces pienso que
dedicamos demasiado tiempo a la lectura
y poco a convertir estas ideas en acciones que contribuyen a la transformación
de la sociedad y del propio ser humano. Está muy bien, y es prioritario, que
nos ocupemos de nuestro crecimiento personal, pero no podemos renunciar al
bienestar común, sobre todo al de las personas que forman parte de nuestro
entorno inmediato (familia, vecindario, ciudad…). Hay que remangarse y echarse al barro para
combatir las injusticias, las desigualdades,
la manipulación de las voluntades, la deshumanización, la
despersonalización y la automatización.
Esto fue lo que hicieron Rudolph Eucken y Patrick Geddes.
Vivendo discimus era el lema de Patrick Geddes (1854-1932):
"aprendemos viviendo". O como dijo en posteriores ocasiones
"sólo pensando las cosas a medida que se las vive, y viviendo las cosas a
medida que se las piensa, puede decirse de un hombre y de una sociedad que piensan
o viven de verdad". Siguiendo esta idea, en su obra más conocida titulada
"Ciudades en evolución", insta a todos los ciudadanos a participar en
la vida y actividades de la comunidad si queremos que nuestra apreciación sea
activa, dejando de este modo algo de lo mejor que hay en nosotros en la ciudad;
más rica y no más pobre debido a nuestra presencia. Por eso insistió en la
necesidad de fomentar la observación y extenderla, de conocer nuestras regiones
y ciudades en detalle, y de hacernos más competentes prácticamente para
participar en el despertar y el desarrollo de nuestra ciudad natal, en vez de
limitarnos a delegar en otros nuestras responsabilidades mediante la maquinaria
electoral política o municipal.
![]() |
| Patrick Geddes |
El optimista lema de Patrick Geddes, "videndo discimus", fue puesto
en práctica por él mismo y su esposa con sacrificios. A los distritos de casas
de vecindad apiladas en Edimburgo llevaron jardines; a las calles llenas de
plagas de las ciudades indias llevó limpieza; a los estudiantes los envió a la
ciudad y al campo a ver con sus propios ojos las realidades de la naturaleza.
Podría decirse que era una persona comprometida por lo que se dedicó a la
ciudadanía, aún a costa de retardar su propia carrera como hombre de ciencia.
Geddes estaba demasiado preocupado por lo que sucedía fuera de su laboratorio y
de su estudio para contentarse con un éxito personal hecho posible por la
indiferencia cívica. Este mismo compromiso reclamó a los especialistas de otras
disciplinas científicas animándoles a elevarse hacia opiniones, objetivos y
planes comunes, como ciudadanos que conservaran y estimularan la vida en su
propia comunidad y su propia región, cooperando con otros ciudadanos en todo el
mundo.
Leyendo a Eucken uno entiende que Geddes
lo situará entre sus pensadores de referencia. Por fortuna recordé que en casa
de mis padres guardamos una colección
completa de los Premios Nobel de Literatura, galardón que obtuvo Eucken en
1908. Así que me puse a buscar y tuve la
fortuna de dar con el volumen que contiene su obra “Los grandes pensadores”.
Nada más empezar la lectura encuentro un párrafo que me hace estremecer por su
agudeza y lucidez. Dice así: “….La vida pende en último término del ser. Si
todo sentido y facultad se retienen fuera y se rechaza cada vez más el cuidado
de la vida interior del estado del alma, ésta debe sufrir por ello; el hombre
se vuelve pobre y vacío en medio de todos los éxitos y degenera en un simple
medio e instrumento de un proceso de cultura impersonal que la utiliza y
rechaza según sus necesidades, que con corriente demoníaca se precipita por
encima de la vida y la muerte de los individuos y de las generaciones, sin
sentido y razón en sí mismo, sin amor ni cuidado por los hombres”. Es increíble
que esto fuera escrito a principios del siglo pasado. A la vista está que sus
negros presagios se han cumplido punto por punto. La enfermedad espiritual no
ha dejado de agravarse, pero el tratamiento que proponía Eucken sigue siendo
tan efectivo como antes. No es otro que el cuidado de nuestra vida interior.
viernes, 8 de noviembre de 2013
EL SENTIDO DE LA VIDA
Ceuta, 8 de noviembre de 2013.
Hoy he retomado mis paseos
matutinos por el campo. Salí esta mañana, de nuevo, con el propósito de visitar
el fuerte del Sarchal, o cárcel de mujeres, como se le conoce popularmente en
Ceuta a esta antigua fortificación del siglo XVIII. Cuando ya estaba llegando,
volví mi mirada hacia el Estrecho, comprobando que el día se encontraba
despejado y claro. La costa meridional de la Península se veía con
gran nitidez. Pensé entonces, ¿Voy a desaprovechar la oportunidad de disfrutar
de este maravilloso espectáculo de la naturaleza? Y me puse a subir la empinada
cuesta que lleva a la puerta de Ceuta de la fortaleza del Hacho. Tengo que
confesar que llegué un tanto exhausto. Han sido demasiados días de inactividad
y las piernas me pensaban como si fueran de hierro. Pero lo conseguí. Alcancé
la cima y, tras unos pocos segundos para tomar algunas imágenes panorámicas y
recuperar el aliento, me adentré por el camino que rodea al conjunto
amurallado. Esta vez sí que he podido completar el recorrido que une la Tenaza y su Pastel con el
Baluarte de Málaga. Una vez allí tenía dos opciones: bajar hacia el Desnarigado
o completar la vuelta hasta el punto de inicio, la puerta de Ceuta. Y no me lo
he pensado. Con decisión me dirigí hasta el control de seguridad y me dejaron
seguir sin problemas.
Al
volver la esquina del Baluarte de Fuente Cubierta, me fijé en un saliente
rocoso que cumplía todos los requisitos para servir de punto de parada, donde
descansar, beber un poco de agua y sentarme para escribir mi crónica campestre.
Sin un motivo aparente y tener plenamente conciencia de lo que estaba haciendo,
he cruzado mis piernas, erguido mi espalda, he colocado las manos en posición
de meditación y cerrado los ojos. Mi mente, durante unos segundos, se ha
quedado completamente en blanco. Al momento he empezado a escuchar de manera nítida
los sonidos de la naturaleza y el canto de los pájaros que provenían de
distintos lugares, a sentir el aire y el calor del sol en mi cuerpo. Acto seguido me he localizado en el espacio. Primero en el
Monte, en Ceuta, luego en África, a continuación en el planeta tierra y, por último,
en el cosmos. Me sentía como un pequeño punto de energía en la inmensidad del
universo. Al notar al sol acariciando mi rostro y calentando mi cuerpo, he
apreciado el extraordinario don de la estrella sobre la que giramos. Con razón
nuestros antepasados lo adoraban con tanto entusiasmo y agradecimiento. Entendieron
y tuvieron siempre presente que el sol y la vida están unidos de una forma
indisociable. ¡Qué milagro es el sol! ¡En la profunda oscuridad del universo
nuestro planeta siempre tiene una cara iluminada! La noche es un recordatorio
de la vida. Una pausa que nos ofrece el tiempo para valorar el asombroso regalo
del sol, la luz y la vida. Recordé en ese instante un pasaje de la obra “Isla
del Atlántico” de Waldo Frank: “la vida es bella, porque Dios la renueva todas
las mañanas; infiltra su aliento en cada uno de nosotros todos los días”. Ese
aliento vital sentía que entraba a mi cuerpo con cada inspiración que hacía en ese
estado de profunda conexión orgánica con el cosmos: un momento de revelación y completa
eclosión de mi ego cósmico. Mi sentido de la totalidad era pleno y cuando abrí
los ojos experimenté una agradable sensación de tranquilidad, de amor y de
agradecimiento por la vida.
Al girar mi cabeza, mis ojos, -aún acostumbrándose a la luz-, se detuvieron en los viejos muros de la fortaleza del Hacho. Fue entonces cuando aprehendí el sentido del tiempo. Aquellas vetustas piedras eran el símbolo de un pasado que nos deja nunca y de un futuro que está a las puertas. Somos tan sólo un eslabón en la inmensa cadena de la vida y de la humanidad. A lo más que podemos aspirar es a dejar una breve anotación en los margenes del libro de la vida, como aquellos antiguos habitantes de Ceuta que dejaron sus grafitos sobre la puerta de la ciudadela. Nosotros también predestinados a escribir un mensaje que les sirva de guía a quienes proseguirán atravesando la permanente abierta puerta del futuro.
Al girar mi cabeza, mis ojos, -aún acostumbrándose a la luz-, se detuvieron en los viejos muros de la fortaleza del Hacho. Fue entonces cuando aprehendí el sentido del tiempo. Aquellas vetustas piedras eran el símbolo de un pasado que nos deja nunca y de un futuro que está a las puertas. Somos tan sólo un eslabón en la inmensa cadena de la vida y de la humanidad. A lo más que podemos aspirar es a dejar una breve anotación en los margenes del libro de la vida, como aquellos antiguos habitantes de Ceuta que dejaron sus grafitos sobre la puerta de la ciudadela. Nosotros también predestinados a escribir un mensaje que les sirva de guía a quienes proseguirán atravesando la permanente abierta puerta del futuro.
Debido
al frenético ritmo que nos impone de manera absurda la sociedad no tomamos conciencia
de la oportunidad única que tenemos los seres humanos de gozar de un vida
consciente. Entender esta idea es entender el sentido de la vida. Vivir
instantes como el que he tenido la suerte de experimentar esta mañana es
incrementar la sensación de haber vivido la vida. Si la vida tiene sentido,
como dice Waldo Frank, “en la mayoría de las vidas, sólo está latente. Mi
destino es vivir el sentido de la vida”. Y pienso cumplir mi destino.
¡Boom!
Un enorme estruendo que resulta ser el cañonazo de las doce me saca de mi
profunda meditación. Al fondo las campanas de la Catedral anuncian el
mediodía. Es hora de regresar. Aún me queda un buen trecho antes de llegar a
casa.
jueves, 7 de noviembre de 2013
“LA CAÍDA” DE CAMUS, LA AUTOCRÍTICA Y EL ARREPENTIMIENTO
Guardo con mucho cariño
este ejemplar de "La Caída "
de Albert Camus, editado por la la editorial "Zarco" de México, en
1956. Al abrir el libro me ha llegado ese olor "a antiguo" que me
encanta, -como antítesis del nuevo spot de Vodafone que vende olores "a
nuevo". Más allá del valor sentimental que para mí tiene este ejemplar de
"La Caída "
de Camus, considero esta obra la materialización literaria de una de las
principales virtudes de occidente: la capacidad de autocrítica. Ninguna otra
civilización ha dado tantas muestras de autocuestionamiento, crítica vigilante
y permanente autoexamen, tal y como nos han recordado recientemente autores
como Javier Gomá Lanzón y Mario Vargas Llosa. Este espíritu crítico nos ha
permitido avanzar y desembarazarnos de algunos mitos que impedían el libre
despliegue de la razón. La autocrítica es más que nada un ejercicio individual
que nos permite avanzar en nuestro desarrollo personal y vencer el
ensimismamiento y la autocomplacencia. También nos permite juzgar a los demás
para ayudarle a avanzar en su propio crecimiento individual. A esta tarea se
dedicaba Juan Bautista Clamence, el protagonista de "La caída".
"Ejerzo, pues, mi útil profesión. Consiste primero, y Ud. ya ha tenido esa
experiencia, en practicar la confesión pública lo más frecuentemente que sea
posible. Me acuso de todo y por todo...Cuando el retrato ha terminado, como
hoy, lo muestro lleno de consuelo. "¡He aquí, desgraciadamente lo que
soy!!. El requisitorio ha terminado pero al mismo tiempo el retrato que
extiendo a mis contemporáneos se ha vuelto un espejo".
"...Mientras más me acuso,
más derecho tengo a juzgarlos. Aún mejor, hago que se juzguen a sí mismos, lo
que me alivia en proporción. Somos, mi querido amigo, extrañas y miserables
criaturas que por poco que busquemos en nuestra vida no nos faltarán ocasiones
de asombrarnos y de escandalizarnos a nosotros mismos".
"La Caída "
de Albert Camus tendría que ser de obligada lectura para todos, en
especial para los que ejercen cargos públicos. Nadie parece estar dispuesto a
ejercer la autocrítica, a reflexionar sobre la manera en que cada uno de
nosotros, por acción u omisión, hemos contribuido a que se produzca la crisis
que estamos padeciendo desde hace un lustro. En cierto que los políticos han
gestionado mal los intereses colectivos, pero ¿Qué hemos hecho los ciudadanos
para evitarlo? ¿Cuantos de nosotros ha ejercido
la autocrítica y la crítica vigilante respecto a lo que el complejo del
poder hacía con nuestros bienes colectivos? ¿Cuantos, como se preguntaba Albert
Camus, en "El hombre rebelde", han practicado una "rebeldía
vigilante"? ¿Cuantos, decía Camus, sin pretender resolverlo todo, al menos
han dado la cara?
Lewis Mumford, en “La conducta de la vida”, reivindicaba
una herramienta ética diseñada y puesta en práctica por el cristianismo, la
asunción de la culpa y el posterior arrepentimiento. La verdad, sin embargo,
comentaba Mumford, "es que la gente en
nuestra cultura tienen una morbosa tendencia para evitar la culpa, porque no quiere tomarse la
molestia de cambiar su conducta de ninguna manera: la evitación de la culpa y transferencia de la culpa son,
por lo tanto, endémicas entre
nosotros. Estos son sustitutos para el arrepentimiento y la renovación".
"En fin, la manera
de neutralizar las malas inclinaciones no es negar la objetiva existencia
objetiva del mal o evitar odiar lo que es odioso y culpando a lo que es
culpable, sino aceptar el hecho de que tenemos en nuestra propia conducta las
mismas tendencias que nos disgustan y vemos tan claramente en aquellos que se oponen
a nosotros; y sin disminuir nuestra legitima responsabilidad de corregir los actos
de otros personas que necesitan corrección, debemos pedir a nuestros compañeros,
a su vez, que nos ayuden corrigiéndonos”. El orgullo, tan propio de la
idiosincrasia española, es un grave obstáculo que nos impide asumir nuestros
errores y, mucho menos, admitir que alguien no enfrente a ellos. Así va a ser muy difícil superar esta crisis
de profundas raíces éticas y morales. Igual leyendo “La Caída ” encontremos la
inspiración para superar este complejo que nos impide crecer y avanzar de
manera individual y colectiva.
domingo, 3 de noviembre de 2013
EUPSIQUIA O ARTE DE LA VIDA BUENA
Este es va a ser el
título de un trabajo que voy a emprender. La idea ha surgido de una forma un
tanto curiosa, una combinación de casualidades con protagonistas del presente y
del pasado. Del presente tengo que referirme al filósofo Javier Gomá
Lanzón. Hace escasas semanas, Gomá impartió
una magistral conferencia titulada "El problema de la democracia sin
ideal". Al publicar el enlace al video de la ponencia, le comenté mi
opinión sobre lo que había oído y, entre otros temas que trató, se refirió al concepto
de utopía. Dio la casualidad que acababa de leer el libro "Historia de las
Utopías" (1922) de Lewis Mumford y le contesté a sus razonadas reservas en
cuanto a las utopías. Vine a decirle que es cierto que la mayoría de los
utopías son propuestas cerradas, estáticas e incluso, como el caso de la
República de Platón, contienen elementos de corte fascistas, tal y como
supieron ver autores como Bertrand Russell y R.H. Crossman, pero tienen la
innegable ventaja de considerar a la sociedad como un todo y han considerado la
interacción entre lugar, trabajo y gente. Las utopías han contribuido al
desarrollo de una forma sintética de pensamiento que tiene en cuenta la
estrecha y permanente retroalimentación entre Lugar, Trabajo y Gente, o dicho
en términos ecológicos, entre Medio Ambiente, Función y Organismo. Por este
motivo concluía que el concepto de "eutopía" (buen lugar) es más
integrador que el de "ideal" al contener no sólo a la persona, sino
también al lugar y al trabajo.
Después de redactar mi
respuesta a Javier Gomá, seguí dándole vueltas a la cabeza. Tenía la
sensación de que faltaba algo en mi argumentación. En ese instante sentí el
impulso de revisar el libro de Patrick Geddes “Ciudades en evolución” y
visionar de nuevo alguno de sus curiosos diagramas.. Recordé que había
encontrado uno bastante interesante por internet y me puse a buscarlo. Es el
que reproduzco junto a este comentario. Descubrí gracias a este diagrama que
eutopía describe tan sólo un aspecto de una realidad superior, en la que
también participaban una eupolítica, una eubiótica y una eutécnica. Pensé que
debía haber un término que engloba a estos aspectos de la existencia ideal, de
una “vida buena”. Busqué por internet cual era el término con el que se
denominaba a la vida en época griega: psique. Por tanto, una vida buena sería
una eupsiquía. Volví a mirar el diagrama y me dí cuenta que en el margen
izquierda aparecía una palabra: “Poetry eupsychics”, “poesía eupsiquíca”.
Geddes y yo habíamos llegado al mismo concepto, cada uno por su lado y con
varias decenas de años de diferencia. Acto seguido me puse a buscar en google
alguna referencia a la eupsiquía, y mira por donde he descubierto que este
concepto se le atribuye como creador a Abraham Maslow para referirse a las
sociedades ideales y orientadas a la vida.
Es
muy curioso que personas distintas, por rutas separadas en el tiempo y en el
espacio, lleguen al mismo puerto. Considero que lo interesante de la eupsiquía
es que une el pensamiento y el acción, los ideales con su realización, la
relación continua entre lo interno y lo externo..Marca una meta, un propósito,
un fin que perseguir, una manera de llevar a la práctica el resultado de las
reflexiones teóricas.
Considero
a este diagrama de Patrick un mapa fundamental para la transformación del ser
humano y de la sociedad. Mi propósito es descifrar este mapa y llegar a encontrar
el tesoro intelectual que hace muchas décadas Patrick Geddes escondió y cuyo
mapa, por un misterio inexplicable, ha llegado hasta mis manos. No puedo
defraudarlo.
sábado, 2 de noviembre de 2013
DEL PODER A LA PLENITUD
Todos aquellos que aún mantienen su conciencia activa, de manera parcial o total, se preguntan que pueden hacer para superar la profunda crisis multidimensional (ecológica, política, económica, cultural, ética y moral) en la que estamos inmersos. Mi conclusión es similar la expuesta por Lewis Mumford en muchos de sus libros. "La movilización de masas lo único que consigue es respaldar al sistema que combaten. Los cambios que han sido efectivos son aquellos emprendidos por pequeños grupos que arañan las máquinas de la estructura del poder interrumpiendo el orden y desafiando las normas. Un ataque de este tipo no espera tomar la ciudadela de la autoridad (como simbólicamente pretendido el movimiento "Toma el Congreso"), sino a alejarse de ella y paralizarla sigilosamente. En cuanto se extienda estas iniciativas el poder y la autoridad volverán a la fuente adecuada: la personalidad humana y la comunidad basada en la cercanía y las relaciones cara a cara".
En el plano más personal e íntimo, todos tenemos una misión que cumplir: "no soportar más excesos del sistema de poder, sino desprenderse de él y cultivar nuestros recursos subjetivos como nunca se había hecho antes". Sobre nuestros hombros recae la responsabilidad individual de activar nuestra conciencia, de pensar, sentir, reflexionar, dedicar tiempo a la contemplación y al escrutinio de si mismo, y al cultivo de las necesidades superiores del hombre: conocimiento, belleza o amor. Es necesario un giro radical en los valores éticos. Los valores del Mundo Nuevo serán la inquietud intelectual, la ambición espiritual, la lucidez e independencia, la capacidad para la acción, junto a los valores clásicos del ser humano equilibrado (valor, sabiduría, templanza y justicia) que den lugar a personas equilibradas, totales, plenas, creativas y autónomas.
Todos estos cambios, esta transición hacia el Mundo Nuevo, requiere tiempo y un cambio interno lento y consciente. En esta transformación todos tenemos un papel que desempeñar "a la hora de desenmarañarse del sistema de poder". El primer paso es afirmar la primacía de la persona "en actos silenciosos de deserción física o mental, en gestos de inconformismo, en abstenciones, restricciones e inhibiciones que nos liberen del dominio del pentágono del poder". Un gesto muy sencillo y al alcance de todos es hacer un uso selectivo de los medios del sistema del poder, tal y como hacemos mucho aprovechando esta red social al servicio del sistema para difundir mensajes que erosionen sus mecanismos internos. Tenemos otros herramientas a nuestros alcance para atacar a la megamáquina: la perdida constante del interés por lo que ofrece, la desaceleración del ritmo que nos impone, el frenazo en seco de las rutinas sin sentido y de los actos absurdos. Tal y como proponía Mumford la clave del cambio del sistema del poder al plenitud consiste en sustituir los rituales impuestos por la autodisciplina interna; la despersonalización por la individuación; la automatización por la autonomía.
lunes, 28 de octubre de 2013
EL OJO QUE TODO LO VE
No deja de sorprenderme la
lucidez y clarividencia de Lewis Mumford. En uno de sus últimos libros, “El Pentágono
del Poder”, -escrito en 1970, cuando Mumford había cumplido setenta y cinco
años-, introdujo un capítulo premonitorio de lo que está sucediendo en nuestros
días. Se titula “El ojo que todo lo ve” y dice así: “En la teología egipcia, el
órgano más singular del dios Sol, Ra, era el ojo: porque el Ojo de Ra tenía una
existencia independiente y desempeña un papel rector en todas las actividades cósmicas
y humanas. El ordenador hace las veces de ojo del dios Sol restaurado, es
decir, del ojo de la megamáquina, que sirve de “ojo privado” o detective, así
como de omnipotente ojo ejecutivo, el que impone una sumisión absoluta a sus órdenes,
porque ningún secreto puede ocultársele, ni ninguna desobediencia puede salir
impune”.
Cuando todavía Internet no era ni
siquiera un proyecto, comentó “Teóricamente en la actualidad, y en la práctica
dentro de muy poco tiempo, Dios –o sea, el Ordenador- podrá encontrar, alcanzar
y dirigirse al instante, mediante la voz y la imagen, a través de sus
sacerdotes, a cualquier individuo del planeta: ejercerá un control sobre todos
los detalles de la vida diaria del súbdito, manteniendo un fichero que incluya
el lugar y fecha de su nacimiento; su historial de estudios al completo; un
resumen de sus enfermedades y trastornos mentales, en caso de que se hayan
tratado; su nómina, sus préstamos y sus facturas del seguro; sus impuestos y
sus rentas; y, por último, la disponibilidad de los órganos que puedan extraérsele
quirúrgicamente justo antes del momento de su defunción”.
¿A qué nos conducirá todo esto? Mumford
lo tenía claro: “Al final, ninguna acción, ninguna conversación y,
posiblemente, con el tiempo ningún sueño escaparía al ojo insomne e implacable
de esta deidad: todas las expresiones de la vida serían procesadas en el
ordenador y puestas a disposición de su ubicuo sistema de control. Ello
significaría no solo una invasión de la privacidad, sino la destrucción total
de la autonomía: la disolución de hecho del alma humana”.
El complejo sistema de espionaje
masivo organizado por varios países occidentales (EE.UU, Canadá, Reino Unido,
Australia y Nueva Zelanda) ha sido bautizado con el nombre de “Los Cinco Ojos”.
Realmente es un solo ojo, el del dios cibernético que ha ocupado el cerebro de
la megamáquina. “¿Quién, como se preguntaba Mumford, osa burlarse de potencias
de tal magnitud? ¿Quién puede escapar de la supervisión implacable e incansable
de este sumo dirigente? ¿Qué escondite tan remoto puede ofrecer refugio al
disidente?”.
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